Tu fidelidad es (tan) grande,
tu misericordia sobrepasa mi entendimiento,
tu amor bordea todo lo que hago, lo que digo, lo que quiero hacer. Y lo sumerge en la hermosura de Tu santidad.
Te he fallado tanto pero a mi lado estás (y estarás, porque no eres hombre para mentir, y ya lo dijiste antes)
¡Tanto que decirte! ¡Tanto que agradecerte! Tanto, tanto, que todo se traduce en un intento de amarte cada día más, de ser mejor para Ti, de seguirte, de obedecerte, de confesarte, de adorarte, de servirte a Ti y a tus hijos, a mis hermanos, y a quienes no te conocen (incluso, a quienes no quieren conocerte -¿puede haber algo peor para ellos, que no vivir una vida contigo?-). Mi oración es que jamás pueda soltar tu mano, que jamás deje de escribirte canciones, de aprender de ti, de orar a diario, de enseñar a quien lo necesite. Quiero aprender más y más, para ser un instrumento con los más pequeños, y entregar lo que Tú me tienes a mí. Te amo, como a nada, pero procuro fielmente amarte más.

No hay comentarios:
Publicar un comentario